13. mar., 2017

Texto

ESCRIBIR

De alguna manera  ESCRIBIR ES ABRIR LAS PUERTAS DEL CORAZÓN, PARA QUE EL ALMA EXPRESE LO QUE SIENTE.

Hacerlo desde “dentro” y sobre el horizonte que uno puede otear y sentir lleva a muchas cosas, algunas de las cuales no pueden ser expresadas como uno quisiera, porque uno no domina todos los recursos del lenguaje, posiblemente. Tendría que ser pintor, para dejar plasmado en color lo que las palabras dejan en vacío. Fotógrafo no, porque no se pueden fotografiar los recuerdos, las elucubraciones mentales, las sensaciones, los sentimientos…

Cuando se intenta escribir “abriendo las puertas al corazón”, para “decir lo que uno siente” lo más recurrente es acudir a aquellos que, dominando las palabras, supieron expresar sueños o ilusiones de un modo más cercano al que nosotros quisiéramos llegar.

Decía Storni, dotada de sensibilidad femenina:

¡Los días que fueron, los días perdidos, 

los días inertes ya no volverán! 

¡Qué tristes las horas que se desgranaron 

bajo el aletazo de la soledad! 

 

¡Qué tristes las sombras, las sombras nefastas, 

las sombras creadas por nuestra maldad! 

¡Oh, las cosas idas, las cosas marchitas, 

las cosas celestes que así se nos van! 

 

Y en esas estamos, yendo y volviendo a los días que fueron y que nos trajeron aquí, para que no llegue el olvido de nada, para que la memoria sea un archivo vivo y de colores, que no se disipe, que sirva para mantener esperanza y vida.

Como escribiera José Luis BORGES:

 

¿Dónde está la memoria de los días 

que fueron tuyos en la tierra, y tejieron 

dicha y dolor y fueron para ti el universo? 

 

El río numerable de los años 

los ha perdido; eres una palabra en un índice. 

 

Dieron a otros gloria interminable los dioses, 

inscripciones y exergos y monumentos y puntuales historiadores; 

de ti sólo sabemos, oscuro amigo, 

que oíste al ruiseñor, una tarde. 

 

Entre los asfodelos de la sombra, tu vana sombra 

pensará que los dioses han sido avaros. 

 

Pero los días son una red de triviales miserias, 

¿y habrá suerte mejor que ser la ceniza, 

de que está hecho el olvido?