DESESPERANZA-DEPRESIÓN

15. mar., 2017

DESESPERANZA

Se hace fácil tener imágenes de uno mismo (distorsionadas o no) e imaginar (para eso están las imágenes) discursos (que las más de las veces son solo justificaciones), pero es tremendamente difícil racionalizarlo y escribirlo y mucho más hacerlo comprensible a los demás.

Eso está ocurriendo con este blog, que se le hace difícil andar en una línea intermedia entre ser un “muro de lamentaciones” o un “diario” del discurrir por el tiempo.

Curiosamente nació cuando todo (recuerdos, deseos, sueños, esperanzas, afectos, historia…) estaba en orden mental y anímicamente, cuando efectivamente uno podía presentarse ante los demás a pecho descubierto. Pero, a pesar de eso, y en contra del pensamiento inicial, las dificultades son serias, al menos si seguimos en la pretensión inicial.

No es extraño que así sea. El mundo interior es una amalgama de millones de sensaciones e imágenes difíciles de ordenar y la cultura social nos ha hecho cautos con las exteriorizaciones, por decirlo de un modo suave.

En la cultura popular se suele decir que no hay que dar explicaciones, porque los amigos no las necesitan y los enemigos no las entenderán y/o las usarán en nuestra contra, por ejemplo.

Pero aún así hay como un compromiso con uno mismo, una vez limpio de cargas y de historias y hasta de caras (imágenes de personas menos gratas).

Estos días he vuelto a ver un trabajo de los profesores Allon y Lyn Abramson, ambos de la Universidad de Wisconsin que trata del lío para separar la depresión de la desesperanza, escrito y publicado en 1997 y que aún puede descargarse en formato PDF.

En realidad el trabajo viene a establecer algo ya sabido, que los pensamientos negativos propician los síntomas depresivos cuando las personas son expuestas a sucesos vitales o cuando se enfrentan a situaciones estresantes.

La desesperanza viene a ser, en este trabajo, el modelo cognitivo de vulnerabilidad ante la depresión.

De este modo parece que cuando nos explicamos (tanto interna como externamente) tendemos a poner en evidencia nuestra personalidad a través de asumir como elementos causales factores externos, internos, globales o específicos, estables o inestables.

Y quizá ahí radique el problema de la dificultad de expresar nuestros pensamientos y nuestro sentir interior, no querer o temer que nuestra personalidad vaya dejando demasiadas pistas. A pesar de ello no cejaremos en nuestro empeño, ya sea con palabras propias o prestadas.