17. mar., 2017

Texto

PENSAMIENTOS

 

Tenemos la manía de vivir acongojados cuando sentimos el olvido de algunas personas y perdemos fuerzas y “vida” mientras tendríamos que esforzarnos en mirar, corriendo la cortina, la vida que queda por delante, mucha o poca.

Es cierto que algunas de esas personas han sido o son especiales, sobre todo aquellas que han conocido las derrotas, pero han luchado para seguir; que han conocido la pérdida, pero han sabido salir de su pozo. No tendrían que desaparecer nunca (y la verdad es que el recuerdo de ellas se convierte en importante), pero si lo hacen, si desaparecen, tendremos que pensar que su sensibilidad y comprensión no les ha dado la compasión ni la humildad necesarias para acompañarnos o no la han encontrado en nosotros, claro.

En cualquiera de los casos sigue siendo válido lo que decíamos al principio, que muchas veces vivimos acongojados. Y, al hacerlo, nos faltan armas para superar los conflictos, las relaciones que se nos puedan presentar, para resolver las emociones, para cambiar y seguir, por más que no quede otra más que seguir.

Y es que el pasado nos acompaña siempre, más o menos mitigado, más o menos hiriente, pero el pasado (el recuerdo que nos queda de él) es realmente nuestro bagaje.

Ocurre, además, que ese pasado nos proporciona más crisis que motivaciones y más descontrol que esperanza y ahí es donde se acaba de redondear lo afirmado. Queda vida detrás de la cortina, pero la vemos con niebla densa y sin perspectiva.