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5. abr., 2017

LA CONFIANZA 

Decía Manzoni que "una de las alegrías de la amistad es saber en quién confiar" y es que la confianza es el ingrediente básico de las relaciones interpersonales, sobre la que se construyen los vínculos que nos unen y nos ayudar a desarrollarnos.

De este modo una relación es tanto más duradera y profunda cuanto se establece sobre una buena dosis de confianza. Y se hace imprescindible en el afecto y en todo tipo de relación humana.

Saber darla y saber recibirla forman parte de las habilidades básicas que todos deberíamos desarrollar. Pero hay que saber manejar esa confianza.

Hemos de comprender cómo funciona y saber administrarla para evitar que los demás abusen de ella, porque la confianza es extremadamente valiosa, pero también es extremadamente delicada: cuesta mucho tiempo y esfuerzo hacer que surja, pero se destruye en un instante.

La confianza se asienta en dos pilares: la apertura, es decir, el valor que tenemos de compartir nuestros sentimientos y nuestra vida con los demás y en la capacidad de juzgar si los otros son dignos o no de nuestra confianza.

Hemos de desarrollar esos dos aspectos para ser capaces de administrar con sabiduría la confianza y hacer que contribuya a fortalecer nuestras relaciones. Son, por tanto, dos las preguntas que debemos hacernos para abordar con garantías la construcción de una relación de confianza.

La primera: ¿Soy capaz de darla como corresponde?
Y la segunda: ¿Es el otro digno de ella?