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7. abr., 2017

LA DESESPERANZA

Dede mi situación vital no puedo por menos que verme afectado por esta noticia, que aparece en todos los medios y redes: José Antonio Arrabal, enfermo de ELA, se quitó la vida el pasado domingo (día 2 de abril de 20117) a los 58 años tras meses pidiendo al Gobierno que despenalice la eutanasia. En un vídeo publicado este jueves (6 de abril) por El País, el abulense explica las razones por las que ha decidido recurrir al suicidio asistido y ser “libre” (según sus palabras).

Una vez visto dicho vídeo no puedo por menos que copiar lo que dejó dicho José Antonio:

"No puedo levantarme ni acostarme, no puedo darme ni la vuelta. No puedo vestirme, desnudarme. No puedo limpiarme. No puedo comer ya solo. Cuando te diagnostican la ELA te están dando la sentencia de muerte tal cual"

-"Lo tengo que hacer por mi cuenta"- Arrabal dice que le parece "indignante" que en España el suicidio asistido y la eutanasia no sean legales y que alguien como él tenga que morir "solo y en la clandestinidad". "Hoy soy yo, pero en el futuro pueden ser tus abuelos, tu padres, tus hermanos, tus hijos, tus nietos o tú", añade, justo antes de ingerir una combinación de medicamentos comprados "en internet", según el vídeo.

Según la publicación 20 Minutos (ver): Más 10.000 personas apoyaron la petición que Arrabal lanzó en la plataforma Change.org para pedir una muerte digna. "Va a ser un infierno para mi familia y para mí", decía entonces, "quiero que el final llegue cuando yo considere que el sufrimiento es inaceptable, pero al artículo 143 del Código Penal me lo impide”.

Esta noticia eriza los pelos, sobre todo a los que padecen una enfermedad crónica y progresiva, se llame ELA o como sea. La dependencia sin esperanza, la espera sin salida, el dolor o el inmovilismo como única compañía, la soledad y el daño a los que te rodean no son cuestiones que haya que despreciar u ocultar y tampoco puede haber nadie que diga que son fáciles de sobrellevar.

(Imagen: Luis Quintanilla - Despair (Desesperación))