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12. abr., 2017

EN VIDA

Creo honestamente que cuando una persona no puede vivir la vida como los demás, cuando las circunstancias le obligan a no salir de casa, por ejemplo, porque depende de algún artilugio o de cualquier dolencia que se lo impide…. es fácil que se sienta “disminuido” respecto a los demás y que agradezca cualquier acercamiento, aunque sea virtual.

En esas circunstancias, además, el sentimiento de soledad es mayor y, si realiza cualquier intento de aproximación, es mucho más sensible al rechazo o a las interpretaciones erróneas. Ambas cosas le generan desamparo y aumenta ese sentimiento de “disminución” al que aludíamos antes.

Es normal que esa persona sienta que estorba, que molesta, que nadie ni nada está para él, porque, en su estado, no puede aportar nada a las necesidades de los demás.

Pero, tristemente, esa postura de menosprecio, de minusvaloración, de distanciamiento… se da y más a menudo de lo que parece. Y no solamente esa postura, también la simple incomprensión o valoración de su estado .

Hace dos días murió Carme Chacón, famosa por sus cargos políticos. No entraremos en ello. Esa señora tenía el corazón invertido y ella lo sabía, lo cual significa que sabía que, a cierta edad, dejaría de latir. Sabía también del riesgo que tenía si quedaba embarazada… y ha dejado un hijo de 8 o 9 años. Esa persona es una heroína que ha demostrado tener más valor, más entereza que nadie, porque hace falta mucho de todo eso para llevar una vida como la que llevó siendo consciente de su estado.

Qué bien la hubiera venido que las lisonjas de estos días o parte de ellas hubieran sido expuestas en vida, la de vitaminas que hubieran sido para su ánimo.

Pero el ser humano sigue siendo así: “Homo hominis lupus est. Non homo, quom qualis sit non novit.” (El hombre es un lobo para el hombre. No es hombre, cuando desconoce quién es el otro)