13. abr., 2017

Texto

EL RECHAZO

El título y el argumento de esta entrada nace de comentarios a la última novela del autor David TRUEBA (2107): Tierra de Campos. Anagrama. Madrid.

Es una novela de búsqueda, de viaje hacia los orígenes, que retrata (eso parece) a toda una generación que, como en mi caso, no sabe cuál es su tierra, cuáles sus raíces, en un momento en que manda eso precisamente, el valor del terruño como identificador de uno mismo y de toda la “tribu”. 

Tenemos lo que hemos hecho, lo que hemos vivido, pero no tierra ni bandera, ni banda. Nuestra tierra son nuestro ideales, las razones que no han hecho hacer lo que hemos realizado, pero eso parece que se quiere destruir.

Nadie tiene en cuenta que cada uno ha tenido unas circunstancias y cada época o cada lugar ha tenido las suyas. Pero la vida de nuestra generación, de las personas que han tenido que vivir esas circunstancias, no tiene razones para DEJAR DE SER lo que son, para mantener sus ideales, para tener que ASUMIR otro mundo que, en principio, atenta contra nosotros, solo porque en todos los lugares somos “los de fuera”, los “sin lugar”. 

Ese modelo de identificación con la tierra es o sigue un modelo medieval. Y hay personas que prefieren seguir haciendo lo que les gusta e identifica y ser lo felices que puedan ser.

El tiempo discurre muy deprisa o los cambios son lo que avanzan deprisa y eso provoca FALTA DE REFLEXION y ANSIEDAD, cuestiones que llevan a la falta de valores o a asumir valores incorrectos.

Es preciso valorar la vida interior, la persona, los ideales, no la tierra, pues importan más que traicionar lo que somos. Estamos deshumanizando la sociedad y, como consecuencia, a sus componentes, al menos a los que no se amoldan del todo a una visión panorámica, superficial, geográfica… de la vida.

Y en esas estamos.