15. abr., 2017

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LAS OPINIONES

No creemos que haya nadie que no crea en la libertad y el derecho a opinar. Opinar es asumido como un principio universal y algo por lo que luchar y, lógicamente, ejercer. Otra cosa muy diferente es que, respetado ese derecho, esa opinión sea admitida como válida. En este caso, como en las encuestas, habrá personas que digan que sí, otras que no, otras más que no saben y no contestan y aún otras que CONTESTAN PERO NO SABEN.

Basándose en ese juego y en la INTOLERANCIA, cada día cuesta más ejercer ese derecho sin que haya voces en contra y no con razonamientos (que sería algo lógico y asumible), sino con actitudes beligerantes, cuando no insultantes directamente.

De ese modo se impone la autocensura, porque esa intolerancia (que necesita de una sola orden para que la intolerancia te llueva desde mil lugares y manos) actúe como una censura endiablada, que, al multiplicarse, por obra de los “replicantes", te puede convertir en una persona odiosa. 

Está claro que nadie es Dios ni tiene todas las razones, que todos estamos limitados, pero NADIE, ni los que opinan ni los que replican, a no ser que medien argumentos de peso y no dislates puramente ideológicos y maniqueos (o es de los míos o es una porquería), tiene todo el saber ni todo el poder de discernir sobre la bondad o maldad de una opinión sin argumentar nada.

Opinar es bueno cuando se hace desde el libre pensamiento y no lo es cuando esperas que es preciso asumir tus ideas. Opinar es bueno cuando crees que opinar es algo que se va desarrollando en base a la aportación de otros, cuando admites que la realidad puede ser analizada desde diversas posiciones, lo cual da lugar al intercambio de ideas, de pensamiento y razonamientos, enriquecedores siempre.

No es admisible que, si dices algo, todos tengan derecho a interpretarlo sin ningún análisis y adjudiquen a tus palabras una ideología “integrista” o desde el “integrismo” más cavernícola.

Hemos de aprender a dialogar, no a pontificar; a analizar, no a juzgar.