24. abr., 2017

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ANGUSTIAS DE LA VIDA

 

La angustia “vital” dicen que se genera en el ser humano ante preguntas, dilemas y tomas de posición que nos afectan, sobre todo si todo eso es trascendental, como por ejemplo el dejar de existir (en cualquiera de sus formas, porque hay más de una muerte), que no tiene respuestas externas o las que hay nos sobrepasan.

Se supone que la filosofía occidental propicia esa angustia, en tanto nos “obliga” a hacernos preguntas tanto sea para definir los rasgos de la felicidad que pretendemos, para cobrar consciencia de la vida que llevamos o de nuestra identidad como personas.

En todo caso el problema no está tanto en las preguntas (que es bueno hacerse) como en las respuestas o en la INCERTIDUMBRE para elegir esas respuestas, porque nunca tenemos a mano respuestas seguras, unívocas y universales para nuestras preguntas o dilemas y eso nos “descoloca”, nos oprime, nos “angustia” en definitiva..

La angustia no tiene edad, aunque dicen y parece que así es, que se manifiesta a partir de la adolescencia, época en la que todos tomamos conciencia de la vida, del futuro y de nuestra propia identidad. Se supone que la preocupación por quién soy o por lo que se desea hacer en la vida son proclives a generar crisis de incertidumbre y angustia. En esa edad se comienza a vivir más en el futuro que en pasado, lo que provoca muchas de esas incertidumbres que decimos.

Pero suelen ser más dolorosas las contrarias, aquellas que se dan cuando solo queda pasado y no se puede pensar siquiera en el futuro. Estas angustias son profundas, duras de vivir y muy frustrantes.